Escapada a " Carlos Keen"
Viernes, 25 de Junio de 2010 13:37
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Carlos Keen es un pueblo que mantiene su magia auténtica y que recibe a todos los turistas deseosos de comer bien, descansar y entrar en contacto con la naturaleza. Ideal para pasar un domingo de campo en familia, andar a caballo y comprar cosas ricas.

Por: tiempoviajes.com

Visitar Carlos Keen implica llevarse unos kilitos de más porque se trata de un pequeñísimo pueblo turístico cuyo fuerte es la gastronomía. Hay distribuidos en sus calles al menos 9 restaurantes que se destacan por brindar platos exquisitos en establecimientos reciclados. El atractivo de este lugar se concentra en un lindo paisaje natural y urbano dónde predominan las construcciones antiguas que tanto atraen por sus patios y sus amplias ventanas. Ideal para pasar un domingo de campo en familia, comer bien, tomar sol y hasta disfrutar de la sombra de algún árbol con un buen libro entre las manos.Los principales sitos para visitar son el restaurante La Casona de Carlos Keen, la Fundación Camino Abierto con su restaurante Los Girasoles, el restaurante Ángelus, el museo rural, la capilla y la feria artesanal de la Estación. Para comprar cosas ricas están la granja de la fundación, Delicias de Carlos Keen y Mirando al Sur. A pesar de que por la estación Carlos Keen ya no pasa ningún tren, todos los fines de semana se llena de gente y alegría. Este emblemático edificio, construido en 1884, fue remodelado en el año 2005 y concentra la mayor actividad. Todos los artesanos del pueblo se trasladan hasta allí los sábados, domingos y feriados para ofrecer su arte a quienes estén de visita. Durante la semana el edificio que funcionaba como depósito y solía estar lleno de productos aguardando la llegada del tren, es un Centro Cultural con talleres de dibujo, pintura, teatro infantil, violín, tango y folclore. También está la posibilidad de alquilar caballos o contratar paseos en carro en algunos de los puestos que hay para recorrer los alrededores y las callecitas de Keen. Previamente se puede hacer una visita al museo de antiguas herramientas de campo ubicado a un lado de la estación y al aire libre.

El tren marcó el ritmo

Para hablar un poco de su historia hay que remontarse al 1881 cuando tres estancias de la zona se unieron para instalar un depósito de agua para abastecer a las locomotoras que pasaban por allí para llegar a San Antonio de Areco y Pergamino. Con la llegada del primer tren comenzaron los primeros loteos y fue la base para que con los años se asentara un pequeño pueblo en los alrededores de la estación. Carlos Keen tuvo su momento de mayor esplendor, como la mayoría de los pueblos rurales de Buenos Aires, y llegó a tener unos 3000 habitantes. Había almacenes de ramos generales, tiendas de todo tipo, 2 escuelas primarias, clubes, cines, farmacia, comisaría, molino harinero y estaciones de servicio. Hoy es un polo gastronómico y turístico inserto en paredes que cuentan más de 100 años de historia, que tuvo su momento cumbre para luego, como ocurrió en muchos pueblos pampeanos ver caer su potencial productivo. Transcurría la década del 30 cuando comenzaron a disminuir las frecuencias del ferrocarril y en los años 70 cerró definitivamente. Otro hecho que colaboró con la disminución de la población fue el trazado de la ruta 7 a 10 kilómetros del pueblo. Este hecho junto con la creación de la famosa Algodonera en la localidad vecina de Jáuregui, provocaron la emigración de muchos habitantes del pueblo que rumbearon para otros pagos atraídos por las fuentes de trabajo. Pese a los avatares económicos y gracias a la perseverancia de algunas empresas locales, como la fábrica de dulce de leche “Gusifabril”, la fideera “San Carlos” y otros emprendedores, Carlos Keen no desapareció por completo. En el año 2007 un aire de renovación invadió a sus pobladores cuando la Comisión Nacional de Museos, Monumentos y Lugares Históricos declaró al pueblo lugar de interés histórico nacional.

Placer para paladares

Actualmente cientos de personas llegan hasta aquí todos los fines de semana atraídos por las diversidades gastronómicas. A finales del siglo pasado abrieron sus puertas los dos primeros restaurantes de la localidad. Juntos impulsaron la actividad turística que comenzó así a marcar el perfil de este destino que pese a sus escasos 400 habitantes, tienen unos 9 restaurantes que abren solo los fines de semana para recibir a los nuevos y a los tantos minituristas habitúes de este lugar. La calle San Carlos es la arteria principal de Keen. Allí y en los alrededores se levantan desde antaño numerosos edificios que hoy conservan su antigüedad restaurada y dónde funcionan varios locales gastronómicos. Se pueden degustar los más exquisitos platos empezando por el asado criollo, siguiendo por las picadas, el pan casero, las pastas artesanales y las delicias gourmet que se sirven en Los Girasoles. Uno de los ejemplos arquitectónicos de Keen es la esquina donde está el restaurante Maclura. Además de saborear unas riquísimas pastas caseras se puede apreciar un óleo del artista argentino Rubén Baima llamado “Esquina de Carlos Keen”. Se trata de uno de los más vívidos retratos de esta localidad bonaerense.

San Carlos Borromeo y su Fiesta

Como no podía faltar, la iglesia también atrae por su belleza. La Capilla San Carlos Borromeo es de ladrillo a la vista, con estilo neo romántico y tiene también el clásico campanario que todos los días suena para anunciar la misa. Anualmente, el 4 de noviembre, se celebra el día del Santo Patrono Carlos Borromeo. Para todo el pueblo es una verdadera fiesta y los principales protagonistas suelen ser los chicos que se preparan todo el año para ese mismo día recibir el sacramento de la Comunión. Por la tarde el Santo Patrono es transportado en una carreta alrededor del pueblo rodeado de hombres a caballo vestidos con los típicos atuendos del gaucho argentino.

Fundación Camino Abierto

Uno de los emprendimientos gastronómicos más interesantes es el que llevan adelante en la Fundación Camino Abierto: el restaurante Los Girasoles. La fundación nació de la mano de Susana Esmoris y Hugo Centineo. Este matrimonio hace ya algunos años decidió rematar su empresa y cambiar de vida. Aprovechando las dotes empresariales de Susana decidieron montar este hogar que da sustento y amor a niños menores de 21 años. Los chicos van a la escuela, estudian música, danza, telar, teatro y hasta ya tienen formada una orquesta. Además, participan de la elaboración de los platos y la atención en el restaurante. Las materias primas se producen allí mismo, en la huerta orgánica y en la granja. El arte de la cocina está respaldado por chefs argentinos de renombre como Martiniano Molina, quien colabora enseñando sus secretos culinarios a los chicos.En el mismo predio de tres hectáreas, además de comer y visitar la huerta también se puede dormir. Allí funciona un hospedaje. Es una cabaña de estilo rústico equipada con dos camas matrimoniales y varias para los más chicos. En el servicio está incluido el desayuno con un tentador pan casero y una amplia variedad de dulces artesanales para untar. Riquísimo. Quienes quieran pueden comprar los productos de la granja como miel, dulces, huevos, embutidos y conservas. Además, cuando hay en cantidad, proveen verduras bien frescas de la huerta.

Para comprar y llevar

En el camino de entrada al pueblo, antes de la vieja estación hay un local de productos artesanales que no hay que dejar de visitar: Delicias de Carlos Keen. Allí están a la venta todo tipo de productos caseros y de calidad como salames, bondiola, quesos, jamón crudo casero, encurtidos, vinos artesanales, miel, mermeladas, alfajores, bombones o pan de campo. Para no perderse de nada recomiendan ir temprano porque los productos más buscados como el pan de campo suelen terminarse antes de lo previsto. También para comprar cosas ricas está Mirando al Sur, un establecimiento que además de producir miel, huevos frescos y otras delicias se dedica a la cría de Gírgolas, una variedad de hongo que se produce en granjas. Carlos Keen atrae por la amabilidad de sus habitantes, quienes durante toda la semana se preparan para recibir a aquellas personas dispuestas para renovar el aire y el paladar.

Cómo Llegar:
Carlos Keen se encuentra dentro del partido de Luján, a sólo 83 kilómetros de Buenos Aires. Para llegar hay que tomar el Acceso Oeste hasta el kilómetro 72 dónde se toma el camino que dice “Acceso a Carlos Keen” desde allí son 10 kilómetros hasta la estación.

Fuente : Tiempo de viajes.com

 

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